NIVELES DE IMPACTO DE UN PROYECTO

Tengo una cierta obsesión con la búsqueda de soluciones adecuadas a los problemas, es como mi santo grial, estoy segura de que existen y ando en su constante búsqueda. Esta pequeña obsesión me ha llevado siempre a hacerme una serie de preguntas cuando ejecutaba un proyecto, me daba por pensar ¿cómo sé yo que el proyecto está siendo útil?, ¿cómo sé que está logrando lo que pretende?, y entonces me venía a la cabeza la pregunta ¿pero cuál se supone que es exactamente el resultado adecuado?, ¿qué pretende exactamente el proyecto?. Estas preguntas iban surgiendo porque existía un error de partida, los objetivos del proyecto estaban definidos de una manera demasiado imprecisa o abstracta, cuestión que impide saber qué es lo que se persigue exactamente con la intervención. Si formulas un objetivo de una manera tan imprecisa como por ejemplo “reducir el nivel de desempleo en la isla de Tenerife”, la finalidad se diluye y no sabes exactamente cuáles son las metas que se marca el proyecto, estás describiendo una acción tan amplia que resulta inabarcable desde una intervención planteada por un pequeño proyecto y terminas por perder el horizonte de la acción. Construir mal los objetivos y los indicadores dificulta determinar claramente lo que pretendemos con el proyecto, establecer una meta y determinar concretamente cuál es el impacto que queremos lograr en las personas beneficiarias.

“De nada sirve que corras mucho si no sabes a dónde vas”

Anónimo

Me hacía muchas preguntas, pero la adecuada, la que proporcionaba la respuesta correcta tardé en encontrarla, esta pregunta era ¿cuál es el cambio que conseguiremos con la ejecución del proyecto?. Aterrizar esta pregunta en tono a cuestiones concretas es lo que te permitirá definir el impacto que se pretende lograr con una intervención planificada.

Cuando un proyecto genera impacto produce cambios y transformaciones en las personas beneficiarias de la intervención (público objetivo), existiendo diferentes niveles de cambio o de impacto. ¿Hasta dónde aspiras que llegue el impacto de tu proyecto?, para tener una referencia sobre los diferentes niveles de impacto que puede tener la intervención de un proyecto puedes recurrir a la denominada “escalera del impacto“.

“Escalera del Impacto”: Basado en Fundación Bertelsmann (2015)

Como ves la escalera del impacto está compuesta por 7 niveles, pero estaríamos hablando de impacto propiamente dicho a partir del cuarto escalón. Tal y como plantea la Fundación Bertelsmann (2015), los tres primeros escalones suponen la condición necesaria para que la ejecución de un proyecto genere un impacto pero no lo determinan.

Para que un proyecto haya generado un impacto real, se tienen que apreciar cambios en el público objetivo, es decir, ¿l@s usuari@s han adquirido nuevos conocimientos o destrezas? (4º escalón), ¿pasan a llevar a la práctica los conocimientos o habilidades adquiridas? (5º escalón),  ¿se ha producido el cambio esperado en la vida de las personas beneficiarias?, ¿ha cambiado su situación laboral, económica, familiar, etc.? (6º escalón). Si el proyecto plantea una intervención más amplia ya llegaríamos al 7º escalón que supone haber logrado cambios en la sociedad, cambios a nivel social o económico en la población o regiones donde se realiza el proyecto. (Fundación Bertelsmann, 2015).

Como puedes ver, el tan ansiado cambio tiene diferentes niveles, pero hay que tener claro que la simple participación en las actividades no deviene en un cambio o impacto. La de veces que habré redactado mal las justificaciones de los proyectos poniendo que se habían alcanzado los objetivos porque se había logrado una alta participación en las actividades. El simple hecho de que un proyecto se ejecute o que haya logrado una gran participación, no garantiza que el proyecto logre tener el impacto deseado, esto se debe a que la mera participación en un proyecto no genera necesariamente cambios en las personas (Fundación Bertelsmann, 2015).

Sí, hace pupita pero hay que asumirlo, a lo mejor el proyecto no consigue nada con algunas personas, a lo mejor participar en el proyecto no supone ninguna diferencia en la vida del usuari@. Yo puedo realizar un curso de formación pero no haber estado prestando atención y por lo tanto no haber aprendido nada. ¿Participé en el curso?, sí, ¿supuso una ampliación de mis conocimientos y una mejora en mi práctica profesional?, no.

¿Y cómo podemos valorar si un proyecto ha generado un impacto? te preguntarás, pues evaluándolo, pero hay que tener en cuenta que las evaluaciones de impacto presentan muchas limitaciones y son difíciles de llevar a cabo. La intervención social no son ciencias puras o matemáticas, los problemas sociales tienen un origen multifactorial y su resolución también entrelaza múltiples factores que son difícilmente controlables y medibles. Es difícil determinar exactamente si el impacto se debe exclusivamente a la participación del usuari@ en el proyecto o si han intervenido otros factores. A mí me gusta pensar que todo suma, pero sería ideal saber cuáles son cada una de las partes que están sumando en el proceso.

La cadena de causalidades que une la intervención de un proyecto con los impactos previstos en algunos casos puede ser muy sencilla, como por ejemplo una campaña de vacunación en un proyecto de cooperación al desarrollo, en la que una única acción logra el impacto deseado. Pero en otros casos puede resultar más intrincada y difícil de entender, al combinar diferentes factores y casuísticas. Tendríamos por ejemplo las campañas de sensibilización o para el cambio de valores sociales, donde existen varios caminos que llevan al impacto y es más difícil medir los cambios observados. En estos casos es difícil determinar cómo se logra alcanzar los cambios esperados, son generados por el proyecto o han ocurrido otros acontecimientos en el entorno del usuari@ que han provocado o reforzado el cambio. Es difícil evaluar el nivel de impacto pero no por ello hay que dejar de tratar de hacerlo, podemos evaluar todos aquellos factores que estén a nuestro alcance y efectuar un seguimiento de los resultados obtenidos por l@s usuari@s (Farré y Cuevas, 2015).

La evaluación es siempre una fuente de conocimiento, evaluar nos permite ver qué caminos son los que nos acercan a la solución de los problemas y cuáles no. Siempre resulta necesario evaluar, aunque sea de una manera no tan precisa como desearíamos, porque:

“Lo que no se mide, no se puede mejorar.

Lo que no se mejora, se degrada siempre.”

William Thomson

 

Espero que el post te haya aportado claridad en estas cuestiones y que te anime a evaluar, siempre resulta útil profundizar en el trabajo realizado. Como siempre si te apetece hacer algún aporte te leo en los comentarios. :)))))))))))))))))

 

Referencias bibliográficas:

Farré, M. y Cuevas, J. (2015). Modelos, límites y alternativas en la evaluación del impacto. Zerbitzuan Revista de Servicios Sociales, 58, 137-146.

Fundación Bertelsmann (2015). ¿Cómo hacer proyectos sociales con impacto?. Barcelona, España: Fundación Bertelsmann.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *