PROYECTO IDEA (3): ¿DE QUÉ MANERA ERES INTELIGENTE?

Seguimos con Proyecto Idea y en este tercer post te voy a hablar de la inteligencia, sobre todo de la que tu posees. ¿Cómo te fue durante tu etapa escolar? ¿No te sentiste alguien particularmente inteligente? ¿No eras de dieces y matrículas de honor? no sufras, yo tampoco. En mi primer año de instituto suspendí cuatro asignaturas el primer trimestre, mi madre me tuvo que apuntar todos los veranos desde primero a COU a clases particulares porque siempre me quedaban dos o tres asignaturas para septiembre. Nunca repetí curso, pero pasaba unos veranos de pena en academias para preparar los exámenes de septiembre, era como una niña vampiro, de los 14 a los 18 años que duró el instituto nunca me puse morena porque no iba a la playa, estaba estudiando en la dichosa academia. Si tienes un expediente académico normalito como el mío o peor, no te frustres, te voy a contar una serie de cosas que quizás te hagan ver al sistema educativo y a ti mism@ de otra manera, si eras de dieces no te sientas mal, tu trabajito te costó y te va a venir bien de igual manera lo que te voy a contar.

El sistema educativo valora tu desempeño en una serie de materias, pero ¿son las más importantes para todo el mundo? quizás no. La mayoría de los sistemas educativos de masas se crearon en los siglos XVIII y XIX, como surgieron en esta época la finalidad que tenían era responder a los intereses económicos de ese momento, que estaban marcados por la Revolución Industrial. Así que lo que se planteó como capacidades centrales a aprender fueron las competencias en matemáticas, ciencias y lengua, que eran imprescindibles para las economías industriales. De esta manera se aseguraban de que las personas que terminasen de estudiar la enseñanza básica, fueran aptas para desarrollar cualquier tipo de trabajo que se pudiese desarrollar en la fábrica, excluyendo probablemente el puesto de dueño de la fábrica. Se educaba a l@s alumn@s para que fuesen piezas útiles y conformadas aptas para ocupar cualquier puesto que requiriese la fábrica, sin tener en cuenta otra clase de talentos o habilidades que se pudiesen enmarcar fuera de ese trabajo. Bueno, pues ese sistema que se construyó con esta finalidad tan concreta no ha sufrido modificaciones sustanciales desde entonces (Robinson, 2013).

La consecuencia directa de esto es que los sistemas educativos inculcan una visión muy reduccionista de lo que es la inteligencia y las capacidades personales, sobrevalorando determinada clase de talentos y habilidades por encima de otros. Haciendo esto se descuidan otras habilidades igual de importantes, desvalorizando el importante papel que pueden desempeñar para mejorar nuestras vidas tanto a un nivel individual como colectivo. Esta manera en la que está organizada la educación, planteada de la misma manera para tod@s sean cuales sean sus aptitudes, margina a aquellas personas que dadas sus características les cuesta más aprender en ese marco o a aquellas cuyas potencialidades y talentos se basan en capacidades que no se plantean como centrales o importantes en la enseñanza convencional (Robinson, 2013).

Te voy a contar la historia de Gillian. Gillian era una niña de ocho años que acudía a la escuela en los años treinta. Según sus profesores le iba mal en el colegio, le costaba mucho aprobar las asignaturas, se movía mucho en clase lo que descentraba al resto de compañer@s, no atendía y miraba mucho por la ventana. Gillian no sentía que hiciese nada malo, pero los profesores mandaron una carta a sus padres diciéndoles que creían que tenía dificultades de aprendizaje y que quizás fuese mejor que acudiese a un centro para niñ@s con necesidades especiales (Robinson, 2013).

Al recibir la carta la madre de Gillian decidió llevarla al psicólogo para que la valorara. Temiéndose lo peor le puso su mejor vestido y unos zapatos para que se sintiese bien y bonita y la llevó a la cita. Cuando llegaron, aquél señor le pidió a la niña que esperara en un sofá de la habitación mientras él hablaba con su madre. Gillian se sentó allí, nerviosa, porque sabía que de aquella reunión dependía que la llevaran a un colegio de educación especial, ella sabía lo que era eso y no quería. Así que se sentó sobre sus manitas para tratar de tenerlas quietas y causar así una buena impresión a aquel señor del que dependía que no la cambiasen de colegio (Robinson, 2013).

Gillian y su madre 1932

El psicólogo estuvo unos veinte minutos hablando con su madre sobre los problemas y contratiempos que los profesores comentaban que estaba teniendo en el colegio. Mientras hablaba con su madre no paró de prestarle atención a Gillian, algo que la puso aún más nerviosa. De repente el psicólogo se acercó a ella y le dijo que iba a tener que esperar un poco más allí sola mientras él hablaba en privado con su madre en el pasillo. Antes de marcharse encendió una radio que tenía en el escritorio y él y su madre se marcharon dejándola sola. Una vez salieron, Gillian no tardó en levantarse del sillón y comenzar a recorrer la habitación al ritmo de la música, lo hacía de manera natural y fluida con un rostro que reflejaba estar disfrutando de lo que hacía. Lo que no sabía Gillian, es que el psicólogo había salido de la habitación junto a su madre para observarla sin que ella lo supiera. Tras mirarla durante un rato, el psicólogo le dijo a la madre de Gillian «Señora Lynne, Gillian no está enferma. Es bailarina. Llévela a una escuela de danza» (Robinson, 2013).

La madre aliviada ante ese diagnóstico hizo lo que le recomendó el psicólogo, la apuntó a clases de danza y la niña quedó maravillada. Cuando llegó a la clase se dio cuenta de que había gente que era como ella, gente que no podía estar sentada sin moverse, gente que tenía que moverse para poder pensar (Robinson, 2013).

Gillian Lynne se convirtió en una bailarina y coreógrafa de éxito. Tras años en la escuela de danza, ingresó primero en el Royal Ballet School de Londres y después en la Royal Ballet Company, donde llegó a ser solista y recorrió buena parte del mundo actuando. Tras esa etapa, montó su propia compañía de teatro musical y produjo espectáculos de gran éxito en Londres y Nueva York. Con el tiempo conoció a Andrew Lloyd Webber un compositor y escritor junto con el que creó obras tan conocidas como Cats o El fantasma de la ópera (Robinson, 2013).

Gillian Lynne

Gillian, esa niña propuesta para una escuela de educación especial, fue capaz de lograr toda esta grandeza porque alguien supo ver su potencial más allá de las competencias centrales que valora el sistema educativo. Supieron orientarla hacia sus habilidades y talentos naturales, lo que le permitió trabajar y desarrollar las cuestiones para las que ella estaba mejor dotada. Es más fácil mejorar, desarrollar y potenciar un talento o habilidad con el que ya cuentas que tratar de encajar en algo que no se ajusta a ti. Si eres un círculo sufrirás intentando romperte para convertirte en un cuadrado, ¿por qué querer ser un cuadrado si eres un maravilloso y bonito círculo?.

La inteligencia es diversa, dinámica y peculiar, cuando te das cuenta de esto puedes verte a ti mism@ de otra manera y abordar la búsqueda de tus verdaderos potenciales. ¿De qué manera eres inteligente? Cuando eliminas tus ideas preconcebidas de lo que es la inteligencia, puedes empezar a percibir cuáles son tus talentos y habilidades. Si una persona se limita a entender su inteligencia en base a los resultados académicos que obtuvo en el colegio, no llegará a descubrir en qué áreas puede llegar a tener un desempeño excepcional de manera natural, que son en las que verdaderamente pueden destacar y desenvolverse con verdadero éxito  (Robinson, 2013).

Con todo esto lo que te quiero decir es que eres inteligente, lo único que tienes que hacer si aún no lo sabes, es averiguar de qué manera eres inteligente. Trata de detectar cuáles son tus capacidades, qué cosas haces bien de manera natural, en qué cosas destacas frente a los demás. Pueden ser cosas sencillas, no tienes que convertirte en Steve Jobs o Elon Musk ahora de repente, porque quizás tu no tengas que ser ese tipo de persona, el éxito es relativo y tiene una interpretación diferente para cada persona. Quizás una de tus cualidades sea como gestionas los conflictos en el trabajo, como tienes cierta habilidad para hacer que la gente se sienta muy cómoda contigo o que organizas unas fiestas épicas de esas que la gente recuerda siempre. Puede ser cualquier detalle del que tú seas plenamente consciente o que te hagan ver los demás.

Existen diferentes caminos por los que puedes llegar a una idea interesante con la que desarrollar un proyecto personal, una afición para tu tiempo libre o incluso emprender. Estos días quiero que trabajes este, que te centres en detectar aquellas cosas para las que tienes un talento natural o una habilidad especial. Para ayudarte te voy a dejar una serie de preguntas que van a actuar como un catalizador para que vengan ideas a tu mente. Quiero que explores este plano de ti mism@, las cosas en las que eres buen@, las cosas que se te dan bien de una manera sencilla y natural, aquello que se te da bien y no te cuesta nada hacer.

Aquello que se te da bien puede constituir una idea en sí mismo o una herramienta con la que contar para desarrollar una idea mayor, así que no menosprecies ninguno de tus valores. Las preguntas giran tanto en torno a aspectos profesionales como personales, todo es importante aunque sea sencillo a algo pequeño, porque todo puede ser útil y ocupar un lugar dentro de una idea o propuesta mayor, así que apunta todo lo que se te ocurra aunque a priori te parezca que no es importante.

Las preguntas:

 ¿En qué cosas crees que eres buen@? ¿Qué se te da bien?

 

 ¿En qué cuestiones te piden ayuda tus compañer@s de trabajo?

¿En qué destacas o destacabas frente al resto en tu trabajo?

¿Qué destacan o destacaban de ti tus compañer@s o superiores?

 

 ¿Para qué cosas te piden ayuda tus familiares o amig@s?

La gente piensa en ti cuando necesitan …

¿Qué te alagan los demás, en qué destacas?

¿Qué te envidian los demás? ¿En qué aspecto le gustaría a otras personas parecerse a ti?

¿De las cosas que haces, cuáles impresionan a los demás y, sin embargo, a ti te parecen sencillas?

¿Alguna vez te han dicho seriamente que deberías dedicarte a algo? ¿A qué?

 

Referencias bibliográficas:

Robinson, K. y Aronica, L. (2013). El Elemento. Descubrir tu pasión lo cambia todo. Barcelona, España: Conecta

https://es.wikipedia.org/wiki/Gillian_Lynne

 

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